Según Andrew Sapiro, Internet es una gigantesca máquina de copiar.

Yo quiero añadir que es una gran máquina de hacer ruido y de deshumanizar.

En lo que se refiere a los derechos de autor, está claro que conceptos como obra, autor, la atribución de autorías y derechos, los derechos morales, los derechos económicos, la transmisión de derechos, los sistemas de protección y los sistemas de gestión no están bien resueltos, cuando se trata de Internet.

Si a esto le sumamos que, si bien es cierto que la tendencia natural es a compartir el contenido en Internet, parece ser que existe sobretodo en España un apego al control del contenido debido principalmente a los intereses económicos que existen seguramente por asociaciones que empatizan poco con el escenario en el que vivimos.

Aunque no existe un consenso sobre el tema, generalmente se entiende por derechos de autor aquellos que se usan para controlar el uso, sobretodo comercial, que se hace de una obra.

Parece claro que es necesario un nuevo marco legal que regule esta situación. Propuestas como Creative Commons, organización sin ánimo de lucro que defiende las licencias de autoría de contenido digital son un ejemplo claro de hacia donde se dirige el asunto. Personalmente quisiera añadir que también es necesario un nuevo enfoque por parte de los autores del contenido, quienes deben entender este nuevo paradigma.

Por otro lado, tenemos el fenómeno activismo digital, que es barato, rápido y muy sencillo cuando se trata de difundir una opinión. Simplemente es una cuestión de proponer una opinión válida constructivamente y definir una estrategia que ayude a que esta opinión llegue a quien debe llegar, en el tono adecuado.

También es cierto que Internet es libre, y que este nuevo “poder de comunicación” eleva el ego de cualquier persona o colectivo que puede usar este amplificador para sus fines, existiendo una frontera muy estrecha entre la opinión y la difamación o coacción.

Mi opinión personal y legado tal vez más humanista, es que sea para proteger su obra, sea para hablar más alto, las personas nunca deben olvidar que su comportamiento debe ser el de un humano conversando con otro humano, sin alejarse de los valores más básicos del respeto, la educación y el esfuerzo por ser entendido adaptando el mensaje al receptor.